sábado, 10 de noviembre de 2012

TALK TALK - IT´S MY LIFE

Con su segundo disco, editado en el 84, Talk Talk, capitaneado por Mark Hollis, triunfaron en toda Europa, debido a que aquí se encontraban dos perlas de Pop Electrónico como son Such a Shame e It´s My Life. Dos temas lo suficientemente bonitos y atrayentes para que uno se adentre sin miramientos en el álbum.
Y es un disco que no defreuda. Es muy melancólico, con estribillos efectivos y los temas siguen la misma línea que los anteriormente mencionados.
Muchos lo catalogaron en su momento como Tecno Pop, ya que incluso la denominación Synth Pop no estaba tan arraigada como ahora.
Es verdad que hay muchas capas de sintetizadores en los temas y que los sonidos electrónicos sobresalen sobre las guitarras y bajos, pero a mí nunca se me antojó que fuera Tecno Pop. Para mí es Pop Electrónico (como mucho) o simplemente Pop.
Siempre hay una de esas cancioncillas escondidas en los lps que son verdaderas joyitas y que parece que nadie se acuerdad de ellas.
Aquí esa joyita es The Last Time que es un medio tiempo con todo bonito.
La voz de Mark también ayudaba a poner durante todo el disco ese aire melancólico y tristón, incluso en los temas más movidos o bailables. Una voz que tiene fuerza cuando quiere, pero que también sabe modular para que suene bonita cuando se precisa. Aparte está que, personalmente tiene una muy buena voz.
Algo que generalmente no me importa mucho si me gusta la parte musical, pero aquí creo que encaja como anillo al dedo.
Un disco que tenía algo más que dos temas famosos, aunque fueran muy buenos.
Un disco más destinado para la escucha que para el baile , aunque esto último se pueda hacer con bastantes más temas de lo que pueda parecer.
Difinitivamente un disco bonito. Y no me preguntes porque pero hay pasajes del disco que me trae a la mente los Simple Minds coetáneos y en Does Caroline Know me parece que David Sylvian podría haber puesto la voz.
No sé, puede que esté chocheando.

KID CREOLE AND THE COCONUTS - TROPICAL GANGSTERS

Como ya se ha comentado varias veces aquí, (y no creo que sea la última), a principios de los 80, en El Reuno Unido se vivió durante unos años, no muchos, un furor por los sonidos Funk con reminiscencias latinas y caribeñas.
Esto ocurrió justo inmediatamente después de que se diera carta de defunción a los New Romantics.
Como era habitual en aquella década, los estilos duraban más bien poco, y el movimiento era contínuo y constante en las Islas.
Unos de esos grupos que con imágen de los años 50, y sonidos Funk, Soul y latinos, tuvieron sus tiempo de fama
 fueron Kid Creole y sus Coconuts.
Ya empezaron a lanzar discos a comienzos de la década, pero fue en el año 82 cuando se marcaron el éxito mundial Annie (I´m not you daddy), un temazo pegadizo con todos los ingredientes que indiqué más arriba.
Recientemente me compré el Lp en esos rastros que tanto me gusta visitar de vez en cuando en mi ciudad y tengo que reconocer que, no sé si es por la añoranza de tiempos, no sé si mejores musicalmente, pero en los que parece que todo lo que sonaba mantenía, cuando menos, una mezcla entre comercialidad y calidad más altas que actualmente.
Además, y es un factor que, a priori, sí que puede sonar a nostalgia, pero los Lps no podían permitirse el lujo de sustentarse con sólo un tema estrella.
Debía de mantener un nivel aceptable, ya que al no haber internet, una sóla canción decente no bastaba.
Y todo este rollo viene a cuento, porque es un disco que tiene muy buenas dosis de Funk Latino, con algún toque Pop en la producción que lo hizo muy accesible para todo el mundo.
Bajos y percusiones bailables y buenas combinaciones entre las voz de August y los coros de las Coconuts, hacen ocho temas que seguro que pasas un buen rato bailándolo y escuchándolo.
Su sombrero, sus chaquetas hasta la rodilla,  así como sus pantalones anchos y con tirantes siguen por los escenarios, aunque su momento de gloria ya pasó, pero por lo que se puede oir no su buen hacer.
Recuerda esos años en que los ingleses copiaban mejor que los propios japoneses, y sabian reciclar cualquier sonido del planeta, de tal manera que casi parecía que era genuinamente suyo.